García Márquez en la mira de la policía secreta mexicana

La Dirección Federal de Seguridad (DFS), la temida policía secreta del Gobierno mexicano, vigiló cada una de sus salidas del país, reportó la matrícula de los aviones que abordaba y de los que descendía, infiltró a sus agentes en las entrevistas que le hacían periodistas y le tomaron fotos de su casa en Jardines del Pedregal para saber quién entraba y quién salía.

El par de hojas está fechado el 30 de abril 1980. Fue escrito a máquina y describe el arribo de un grupo de personas al aeropuerto de la Ciudad de México, procedentes de Cuba. En el último párrafo se lee: “(Gabriel) García Márquez es originario de Magdalena, Colombia, de 52 años de edad y porta el documento migratorio FM2 No. 200659 del Registro Nacional de Extranjeros de la Secretaría de Gobernación”. En seguida, viene el nombre del autor del documento: Miguel Nazar Haro, jefe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la temida policía secreta del Gobierno mexicano.

El Archivo General de la Nación (AGN) resguarda en su Galería 1 tres legajos de documentos sobre el autor de Cien años de soledadfallecido este jueves 17 de abril de 2014, a sus 87 años. La DFS vigiló cada una de sus salidas del país, reportó la matrícula de los aviones que abordaba y de los que descendía, infiltró a sus agentes en las entrevistas que le hacían periodistas y le tomaron fotosde su casa en Jardines del Pedregal para saber quién entraba y quién salía.

Gabo, como muchos de los intelectuales y escritores de su generación, tuvo marcaje puntal por parte de la policía secreta. Y así lo constatan las más de 250 hojas que reportan a dónde iba, qué conferencias daba, a donde viajaba, qué declaraba sobre Colombia y América Latina.

Aquel 30 de abril, Gabriel y su esposa, Mercedes Barcha, regresaban a México tras haber estado en Cuba con motivo del funeral y sepelio del escritor Alejo Carpentier. De ella, Nazar Haro escribió: “Originaria de Bolívar, de 45 años de edad, emigrada, según oficio número 30704, Visa No. 1298 del 24 de marzo de 1980, por un año…”.

La DFS sabía todo lo que debía saber de ellos. Incluido su dirección exacta.

Cinco días antes, el 25 de abril, un agente de la DFS estuvo entre los reporteros congregados en una conferencia que dio Gabo en el aeropuerto, antes de partir a Cuba para despedir al autor de El siglo de las luces. Pero ese no fue su único motivo del viaje, también fue invitado por Fidel Castro para festejar el aniversario de la Revolución Cubana.

El espía venido a periodista, escribió aquel día: “Con relación a Alejo Carpentier, dijo: yo no suelo hacer frases a la muerte, este hombre pudo haber sido el Premio Nobel de la Literatura este año, ya que fue siempre un luchador por la democracia desde su más tierna juventud…”.

Párrafos más adelante, el agente adelantó una primicia literaria que dejó pasar sin mayor alboroto: “(García Márquez) señaló que tiene dos libros terminado esperando su publicación, uno de cuentos aún sin título y una novela titulada Crónica de una muerte anunciada...”.

Fue hasta 1981 que esa novela vio la luz y se convirtió en un hito de la literatura y el periodismo que distinguieron el estilo de García Márquez.

Un año más tarde, el 28 de julio de 1981, la DFS desplegó un operativo afuera de la casa de García Marquez, ubicada en la calle Fuego, número 144, en Jardines del Pedregal, al sur del DF. El asunto de la vigilancia fue la visita de amigos a su hogar, como Conchita Dumois, del Partido Comunista cubano, entre otros.

Ese reporte fue acompañado de fotos que se tomaron a las personas que entraron al domicilio. Hay una, de Gabo, en la que aparece caminando mientras lee un periódico. El pie de foto precisa: “Gabriel García Márquez, escritor de nacionalidad colombiana residente en México, en el momento en que aborda el automóvil de su propiedad, marca Ranault, color anaranjado, modelo 1976”.

Unos meses más tarde, el 19 de octubre del mismo año, la DFS volvió a vigilar su domicilio con motivo de la visita del secretario general de Partido Comunista mexicano, Arnoldo Martínez Verdugo, y Régis Debray, consejero del presidente de Francia, Francois Miterrand.

Curiosamente, en los documentos conservados en el AGN no hay ninguno sobre el vuelo que tomó para salir de México a fin de recibir el Premio Nobel de Literatura, a finales de 1982. Y, en cambio, sí se conserva una copia del primer capítulo de Crónica de una muerte anunciada, el cual publicó el diario Excélsior el 24 de abril de 1981.

El titular del capítulo decía: “Santiago Nasar murió un lunes en la mañana”. Abajo, dos balazo explicaban al lector lo que leería: “Tiempo fúnebre y un cielo turbio; denso olor de agua quieta. Había dormido poco y mal, sueños felices en un bosque de pájaros”.

Gabo no murió un lunes sino un jueves. Quizá haya dormido poco y mal en sus últimos días a causa de su enfermedad. Quizá ahora tenga sueños felices en un bosque de pájaros, donde no habrá espías del Gobierno mexicano vigilando su último viaje.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s