El Tsunami Ciudadano (1)

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Por: Alejandro Esparza Farías y Espinosa.

Desde una perspectiva corresponsable, el ciudadano estableció que existe un punto nodal en donde se enfatiza una profunda crisis, justo en el punto en donde debería existir unión en vez de escisión.  

Los parámetros de las funciones se han tergiversado, ya que se habla en términos de “poder y oprimido” o “gobernante y gobernado”, cuando debería de co-existir una terminología axiomática que no es discordante dentro del fenómeno de la Democracia; la relación sociedad-gobierno establecida desde roles similares. Para ello, la humanidad como entidad comunitaria debe renacer por medio de estrategias conjuntas que sean incluyentes, y en las cuales se habrán de ejecutar acciones enfocadas en lograr un despertar conciente, participativo, ordenado, justo y equitativo, no solamente electorero.

 

Más allá del consenso y superando las ideologías particulares de élite y exclusivistas, en México deben desprenderse corrientes que decanten en su activismo ciudadano puntos convergentes, estratégicos y vinculados, por medio de los cuales todos nos reunamos para encontrar soluciones, construyendo estructuras que representen soluciones inmediatas y tangibles hacia una sociedad lamentablemente cada vez más adormilada y conformista.

 

Es indispensable respetar nuestras diferencias, sobre todo cuando sabemos de antemano que existen problemas que nos conciernen e involucran a todos y que deben resolverse en conjunto no solamente desde una aparente democracia representativa o burocracia institucional. Por lo tanto de allí la inminencia del empoderamiento del ciudadano común en la administración pública y no nada más el de “cuello blanco” que se ensucia el “versace” comprado con erario público pero presumiendo una transparencia que no aplica o desvirtúa a su conveniencia y antojo.

 

Podemos –y debemos– transformar la mentalidad común del ente humano caminante que muchas veces organiza sus “proyecciones” desde el concepto: “a ver dónde me puedo quedar o a ver qué me toca”. No, eso nos enrola en un circulo vicioso que a la vez pernicioso nos corrompe y entorpece: hay que cincelar firmemente una piedra fundacional en donde quede inscrita la frase: El mandante soy yo.

 

Dejar que las cosas fluyan en mi mente partiendo desde un punto de reconciliación, me trae la paz, que entonces es la que voy a compartir –en la medida de lo posible- a los demás, ejerciendo tolerancia, respeto… comprensión (más el paradigma de la solidaridad).

 

En el caso que nos ocupa, llamamos al Tsunami ciudadano como ejemplo de ola participativa y oportuna. Clara, concisa y eficaz para lograr un ejercicio de limpieza y acción desde el interior mismo de cada institución gubernamental, pero no como vigilante únicamente, sino como organismo plural, representativo y congruente, capaz de auto gobernarse.

 

Tampoco nos referimos sucintamente a la desaparición de los llamados “partidos políticos” y sus adherentes, (cuestión  nada descartable) sino que citamos puntualmente el llamado de la historia actual con repercusiones en el futuro para formar parte de ese Tsunami, el cual, siendo ciudadano, equilibre al sistema estructural público desde sus raíces, de un sistema de gobierno auténtico y comprometido, mucho más allá del discurso demagógico y los recursos que nos cuesta y compromete a través de deudas adquiridas sin el consentimiento de nadie, (por ejemplo).

 

Ellos, los políticos y funcionarios electos o no, gastan el dinero público sin pudor ni vergüenza y por tanto es, –ENFATIZANDO- el momento histórico de establecer un verdadero equilibrio de poderes tal cual queda establecido en la Constitución Federal de 1917, incluyendo de manera natural la relación Mandatario-Mandante.

 

Debemos establecer principios coadyuvantes entre ambos conceptos, ya que el Primer Poder le pertenece al ciudadano común, a todos, a la polis, no a un solo sujeto investido por antonomasia ni a un régimen partidista y absurdo que olvida sus postulados de servir a la patria.

 

El Tercer Encuentro Nacional Ciudadano realizado en Monterrey en fechas pasadas, arrojó entre muchas otras cosas que iremos compartiendo, la conciencia de que el ciudadano es, desde su propio circulo concreto, el jefe de quienes “rigen” la vida de la nación”. La denuncia ciudadana es: VAMOS A SER AUTÓNONÓMOS, y haciendo una paráfrasis de doña Rosa Esther Beltrán: Unidos somos uno. De allí el primer acercamiento -amable lector-, hacia lo que para muchos está significando el re valoramiento de la palabra democracia participativa y directa.

 

(Memorias del 3er. Congreso Nacional Ciudadano. Febrero 2014).

 

Publicado originalmente en el catorcenario Espacio 4, número 478.

 

 

 

 

 

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