¡¡Oh Sorpresa!!

Rosa Esther

Horizonte ciudadano
Por: Rosa Esther Beltrán Enríquez.

 

Aquí la mayor parte de la población parece feliz y muy conforme con el desarrollo de la realidad socioeconómica y política estatal, y es que se vive en una entidad que quizá sea la única del País, en la que no hay corrupción.

Mayor es la sorpresa cuando se recuerda que apenas hace dos años se detectó uno de los desfalcos más grandes de la historia de este País. El descubrimiento fue como un bazucazo para los mexicanos, más porque se trataba de la gestión de un exgobernador, el entonces presidente nacional del PRI, Humberto Moreira Valdés, ahora felizmente autoexiliado en la Madre Patria y exonerado, limpio de toda culpa, por parte de todas las autoridades, y su hermano nada recuerda del broncón que le dejó. Rubén se apega al dicho: lo que no fue en mi año, no fue en mi daño, y tan campante: “Hacemos bien las cosas”, manos de seda.

¡En Coahuila dichosos, prósperos, radiantes, porque aquí no hay corrupción! Así lo dijo, satisfecho, el titular de la Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas (grandilocuente nombre), Jorge Eduardo Verástegui (04-09-13).

Todavía no hace un mes que la Auditoría Superior de la Federación informó de un presunto desfalco en la administración de Jorge Torres López por un valor total de 3 mil 640 millones 260 mil 491 pesos, y del desvío de recursos en la Secretaría de Salud por la cantidad de 300 millones de pesos del ejercicio de 2011, cuando Raymundo Verduzco era titular de esa dependencia. ¿Quién les probará el desfalco?

Ya sabemos que no le toca a este Gobierno. Son cosas del pasado. La historia empieza con ellos, pero, ¿usted confía, le cree al señor Verástegui? Hemos sido testigos de la eficiente capacidad de los gobiernos para ocultar los desfalcos y la rapiña. Conocemos la inoperancia del Poder Legislativo local como representante de los intereses ciudadanos y su sometimiento incondicional al Ejecutivo, advertimos el vasallaje hacia éste por parte del ICAI y de la ASE, ¿le cree al señor Verástegui?

Conocemos la habilidad de este Gobierno para ocultar y retorcer la información. Hace tiempo que perdimos la candidez.

Entendemos bien que la corrupción impregna la vida pública en México. Según el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional, en los últimos 15 años el País no ha mejorado. En 2010 Transparencia Mexicana calculó que se pagaron 32 mil millones de pesos en “mordidas”.

En el Gobierno de Peña Nieto la agenda de combate a la corrupción está detenida, pero desde hace tres décadas el Estado mexicano intenta reducir la corrupción: aprueba nuevas leyes, crea y reforma Secretarías de Estado, firma convenciones internacionales sobre el tema, diseña procedimientos administrativos, lanza programas comprehensivos y estrategias rimbombantes. Los resultados han sido exiguos, insignificantes. Es explicable, no le han preguntado al señor Verástegui. No han consultado al que hace las cosas bien. Vengan a Coahuila, verán que aquí no hay corrupción.

Estando clasificada internacionalmente como un problema sistémico de México, ¿a qué sortilegio puede haber recurrido Rubén Moreira para desterrar en un tris tras la corrupción? La Ley anticorrupción, que consta de 19 artículos, apenas se aprobó el año pasado, por eso es que resulta extraño, casi insólito, que en 11 meses se tengan los resultados que el señor Verástegui enfatiza, cero corrupción en Coahuila.

El Barómetro Mundial de la Corrupción es una encuesta aplicada a 114 mil personas en 107 países, entre ellos el nuestro, y señala que en 36 países, México incluido, la Policía seguida de los partidos políticos, el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, son las instituciones más corruptas; o sea, toda la organización política, y el 71 por ciento de los mexicanos respondió que la corrupción en el País ha aumentado en los últimos dos años.

Dentro de esta pésima situación, la corrupción socaba la legitimidad de las instituciones públicas, atenta contra la sociedad, contra el orden moral, la justicia y contra el desarrollo integral de los pueblos. Por eso, qué gran noticia el saber que en Coahuila no hay corrupción. Gracias, señor Verástegui.

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