La realidad Mata al discurso

Rosa Esther

Horizonte ciudadano

Rosa Esther Beltrán Enríquez

 

í, Enrique Peña Nieto está “moviendo a México”, pero en reversa. David Aguillón, líder estatal del PRI, asegura que se ven cambios sustanciales para el desarrollo económico y social del País. Ese señor ignora el bache en el que cayó recientemente la economía mexicana, un desplome del PIB a un 0.74 por ciento, por lo que el Gobierno Federal se vio obligado a ajustar su meta de crecimiento a la baja en tres ocasiones.

En los nueve meses de la administración peñista, los indicadores económicos han empeorado a causa de un menor dinamismo en el gasto público, las exportaciones, la contracción de las inversiones, la reducción de las remesas y la caída del sector de la construcción. A eso agregue los subejercicios en el presupuesto, el incremento de precios de los artículos básicos y la consecuente pérdida del poder adquisitivo, además del aumento del desempleo que Peña Nieto dijo que se detendría con la Reforma Laboral que le regaló Felipe Calderón antes de cerrar su ejercicio.

Las crisis económica y política son inocultables. Las aspiraciones a una vida digna son cada vez más lejanas para la población, los datos del INEGI muestran que, entre marzo y junio, el número de personas desempleadas pasó de 2.5 a 2.6 millones, y las condiciones de empleo empeoraron, pues de los 49.5 millones de personas ocupadas, 12.5 por ciento se encuentra en condiciones precarias.

El ansia de Peña Nieto es lograr la Reforma Energética y la Fiscal (aumento al IVA de 16 a 19 por ciento y su cobro generalizado en medicinas, alimentos, libros, etc.), las reformas se han convertido en el único fin para entregar buenas cuentas a sus jefes de la OCDE, el FMI y del Banco Mundial, esa es la brújula.

Se ha generalizado la versión de que el atorón económico es obra de la propia administración peñista a fin de utilizarlo como factor irrefutable de la necesidad forzosa de las reformas.

Peña Nieto presume que se está trazando “la historia de un México en paz”, pero la inseguridad persiste. Pese a la desinformación impulsada desde el propio Gobierno, la violencia y la delincuencia común no ceden, los grupos de autodefensa tienen presencia en 15 entidades y la Capital del País se vio ante el colapso por las protestas contra las Reformas Educativa y Energética. El Gobierno elude informar sobre el número de ejecuciones, secuestros y desapariciones, pero presumen una disminución del 20 por ciento de asesinatos, aunque según los datos de Reforma, entre diciembre de 2012 y agosto se registraron 6 mil 129 ejecuciones, y el semanario Zeta de Tijuana que lleva su propio “Ejecutómetro”, informó que en los nueve meses de la administración se han registrado 13 mil 775 ejecuciones. Es la paz de Peña Nieto.

Durante los primeros meses, el Pacto por México dio legitimidad al nuevo gobierno y a la oposición partidista, PAN, PRD. Con él, Peña Nieto alcanzó notoriedad y reconocimiento internacional, como un político con visión de Estado, entonces el Pacto se consideró como una fórmula de negociación eficaz entre las oposiciones partidistas y el Congreso de la Unión, aunque muy pronto las fracciones parlamentarias reprocharon a sus líderes partidistas que las Cámaras estaban siendo sustituidas por los acuerdos del Pacto, lo que apresuró su crisis.

El discurso de Peña comenzó a perder contenido a vaciarse y a caer en la incompetencia. Lo que sí ha hecho la actual administración federal con eficaz esmero es construir una escenografía de la complacencia. El gasto de miles de millones de pesos para promover una imagen de político eficaz no se puede ocultar, de ahí el afán de incondicionalidad y la falta de veracidad de algunos medios de comunicación que aplauden desaforados cualquier decisión presidencial, por más fútil que sea.

Lo evidente es que el sistema político está sometido a rupturas sin precedentes. El presidencialismo está herido y provocando la ingobernabilidad que padecemos. La interlocución, el debate, el diálogo con la ciudadanía deben sustituir a la negociación en lo obscurito, porque la democracia entraña deliberación libre, responsable y continua y es obligación de los tres poderes y los partidos políticos propiciarla.

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