Francisco, el Papa latino

Rosa Esther
Horizonte ciudadano

Rosa Esther Beltrán Enríquez

El Papa Francisco está en Brasil, este es su primer viaje al exterior y precisamente a América Latina, su continente. La irrupción de este Papa jesuita en la escena pública, representa para los católicos una luz de esperanza, porque a cuatro meses de que inició su pontificado ha hablado fuerte, y con hechos ha mostrado que seguirá una ruta diferente a la de sus predecesores. Comenzó renunciando a la vida ostentosa, pidiendo austeridad a la burocracia vaticana, a cardenales, obispos y sacerdotes que lo rodean.

El Pontífice se ha pronunciado contra la tiranía del dinero, ha enfrentado con firmeza y mano dura la corrupción denunciada en el Banco del Vaticano y contra la pederastia de algunos religiosos contra menores de edad. También ha hablado a favor de los migrantes, condenando la indiferencia de las sociedades ante el drama de la migración forzosa, y reprobó que la humanidad esté llena de sociedades anestesiadas.

Los vaticanistas, expertos en cuestiones de la vida cotidiana de los religiosos que habitan en el Estado Vaticano, aseguran que “un Papa así no se había visto nunca” (Sandro Magister).

Los obispos brasileños afirman que el mensaje de Francisco se caracterizará por una actitud ecuménica de apertura hacia todas las iglesias y creyentes en cualquier dios, abandonando las viejas teologías y atendiendo a los conglomerados humanos sufrientes: los migrantes, los enfermos, los pobres, los jóvenes que protestan por sus condiciones de vida en las que no encuentran estudio ni trabajo, los que exigen justicia social.

Esta semana el Grupo Reforma aplicó una encuesta en la que se muestra que el 86 por ciento de los entrevistados tienen una opinión favorable acerca del Papa argentino, con apenas cuatro meses de haber asumido el pontificado, aunque la popularidad del actual Pontífice queda por debajo de la que tenía Juan Pablo II, con un 93 por ciento. Ciertamente el Papa polaco fue, y es, muy amado en este País.

Según la opinión de los encuestados, el 53 por ciento ve al Papa como una persona “humilde”, lo cual destaca como una de sus principales virtudes. Además, el sondeo también revela que 72 por ciento de los mexicanos esperan menos ostentación entre los miembros del clero, gracias a los exhortos y la manera de conducirse del nuevo Papa.

La percepción del 51 por ciento de los encuestados es que Francisco es un Papa progresista, contra un 36 que lo considera conservador, y a la pregunta de si considera que con este Papa la Iglesia católica se fortalecerá, se debilitará o seguirá igual en los próximos años, el 66 por ciento opina que se fortalecerá y un 27 que seguirá igual. Asimismo, el 77 por ciento de los encuestados opina que con Francisco la Iglesia será más estricta ante la pederastia, y un 52 cree que la corrupción disminuirá, contra un 38 por ciento que opina que seguirá igual.

Es importante hacer notar que el Papa es todavía poco conocido en México, vea usted: un 87 por ciento no sabe que sellama Jorge Mario Bergoglio; sólo el 58 por ciento sabe que es argentino y el 21 que procede de la orden Jesuita.

Para algunos especialistas en cuestiones religiosas, Francisco encontró una iglesia en crisis, lo que se refleja en hechos como el dramático y notorio declive del catolicismo, que en Brasil ha disminuido al 64 por ciento, en México al 83 y en muchos países centroamericanos al 50 por ciento; pero también enfrenta reclamos no atendidos por sus predecesores como la causa de las mujeres, para quienes la Iglesia católica representa la discriminación milenaria, por lo que se esperaría que el pontífice argentino logre superar las ancestrales misoginia y homofobia que caracterizan al pensamiento católico.

Ante esta situación de crisis, es evidente que a la alta jerarquía católica le urge un reencuentro con Latinoamérica, con esos sectores que tanto ha descuidado y en donde se encuentra su verdadera fortaleza, pero esto no sucederá mágicamente, la oposición de los sectores conservadores no se hace esperar, están preparados para defender sus privilegios y seguir marginando a millones de católicos que claman por el cambio en su iglesia.

El Papa estará siete días en Brasil al lado de los jóvenes. Comenzaremos a percibir definiciones importantes en el rumbo que seguirá este pontificado.

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