El #PRI ante la derrota en #Coahuila

Pongan  onesimo_newatención y escuchen el silencio que priva ahora en Coahuila. Las oficinas no tienen las mismas largas antesalas, las obras no avanzan tan rápido. Como magia: apenas se cerraron las llaves que sostenían el gasto desenfrenado y qué caray, se disipó el amor de las multitudes. Este es el sexenio de las porras que se fueron

.

Ya pasaron más de diez días desde que los electores le dieron la espalda al PRI en Coahuila, y el presidente estatal del partido no ha renunciado. Celebro su decisión. La pérdida de 68 mil votos en Saltillo, 24 mil votos en Torreón y 17 mil votos en Monclova representa una derrota tan contundente, que no podría atribuirse sólo a su mal desempeño personal. De hecho, esta elección no hizo más que reflejar una tendencia que antecede y que seguramente seguirá tras la salida de este dirigente. El PRI en Coahuila está desfondado, atrapado en la incongruencia de prometerle al electorado buenos gobernantes sin deslindarse de los peores que hemos tenido en nuestra historia. Claramente la aplanadora moreirista entró en una nueva etapa. Antes arrollaba en el estado, pero su conducción desenfrenada dejó tanta destrucción, que hoy no crece nada nuevo. Perdió Enrique Martínez la diputación federal. Perdió Hilda Flores la Senaduría. Perdió Fernando de las Fuentes la alcaldía de Saltillo. Estos tres perfiles tienen en común ser promesas desinfladas por su inexplicable decisión de legitimar el moreirazo durante su paso por el Congreso.

En algún momento el priísmo coahuilense perdió la capacidad de distinguir entre lealtad y complicidad. Si señor gobernador. Claro señor gobernador. Por supuesto señor gobernador. En un sexenio retrocedimos treinta años de desarrollo democrático. Ese fue el sexenio de las señoras que gritaban sílabas en los estadios. Mo-rei-ra, mo-rei-ra. La matraca ahogó el debate, después la unanimidad relajó los controles y finalmente la certeza de impunidad convirtió al gobierno en una fiesta. Así, el partido que atraía a los mejores perfiles se convirtió en el club cerrado de “la nueva clase política moreirista.” La dádiva para el empresario, el chayote para el periodista, el mito para el ingenuo y las despensas para la líder de colonia enmascararon por un tiempo al más grande saqueo jamás documentado. Y mientras tanto, muchos priístas aplaudiendo, asumiendo convencidos su rol en el sexenio: Mo-rei-ra, mo-rei-ra.

Pongan atención y escuchen el silencio que priva ahora. Las oficinas no tienen las mismas largas antesalas, las obras no avanzan tan rápido. Como magia: apenas se cerraron las llaves que sostenían el gasto desenfrenado, y qué caray, se disipó el amor de las multitudes. Este es el sexenio de las porras que se fueron. Hay quien dice que la diferencia tiene que ver con las personalidades, pero son más bien de circunstancias. Dado que Humberto administró la abundancia con el rigor de López-Portillo, Rubén no tuvo alternativa más que abrocharles el cinturón a todos, como hizo de la Madrid. Y así como a nivel federal el PRI tuvo que reformarse a partir de derrotas electorales, en Coahuila se aproxima la posibilidad de un cambio. Más mejor, supongo.

Es difícil identificar el momento exacto en el que los coahuilenses decidieron decir basta. Quizá fue en noviembre del 2011, cuando el hoy presidente del PRI acudió al congreso local a cerrar con broche de oro ese olvidable sexenio. Acudía entonces como secretario de Gobierno a entregar el último informe y se detuvo a regalarle a los medios una entrevista de banqueta. Infló el pecho, como hacían tantos moreiristas entonces, para decirnos que esa administración “transformó a Coahuila” y que quienes se atrevieron a criticarla “sólo buscan desprestigiar al estado”. Unos años después, el chiste se cuenta solo. El único estado que se transformó fue el estado de cuenta de algunos funcionarios, y el desprestigio cayó exclusivamente en el PRI y en los miembros de la “nueva clase política” gobernante. ¿Cuándo, pregunto, podrán los dirigentes priístas tocar estos temas sin recurrir a las matracas o al insulto a los críticos?

Supongo que el presidente del PRI se queda en su puesto para encabezar un profundo proceso de reflexión. Visitará los 38 municipios, platicando con los “cuadros distinguidos” y con las “fuerzas vivas.” Al final tendrá que presentar un diagnóstico, explicando si el PRI local sufre de cáncer o sufre de gripa. Será interesante ver como interpreta el dirigente la derrota, pues evidentemente no la asume como propia. Al menos no renunció,como sí hizo su antecesor a sólo dos días de conocerse los resultados de la elección del año pasado. ¿Si no falló el presidente del partido, quién entonces espantó los votos del PRI? ¿El Gobierno de Peña Nieto, el de Moreira I o el de Moreira II? ¿Fallaron los candidatos, los sectores, las estructuras o las ideas? Será interesante observar el proceso, porque ahora que lo pienso, nunca he visto al moreirismo ejercer la autocrítica. Quizá es tiempo de que lo intenten. Total, el desprestigio ya lo cargan.

@oneflores

(Fuente: Animal Político, Columna: Ciudad Posible de Onésimo Flores)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s