Columna: Horizonte Ciudadano

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Horizonte ciudadano
Rosa Esther Beltrán Enríquez
En política no hay casualidades, de manera que el arrojo, la resolución de Margarita Arellanes Cervantes, presidenta municipal de Monterrey, que entregó la ciudad a Jesucristo, declarándolo máxima autoridad del Municipio y la pasión religiosa del César Duarte Jáquez, gobernador de Chihuahua, que consagró ese estado al Sagrado Corazón de Jesús, ante 14 mil chihuahuenses y altas autoridades eclesiales y del PRI, además, del ofrecimiento que hizo de su entidad al Doloroso e Inmaculado Corazón de María, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte Ochoa, tienen como justificación perfecta para fomentar el fervor religioso, mitigar la crisis de valores y usar la fe religiosa para impulsar la cohesión del pueblo, según ellos.
Es impresionante la fotografía de la alcaldesa panista Arellanes que muestra un rostro de arrobo, de éxtasis, y Javier Duarte, enfervorizado se encomendó al altísimo para ofrecer a los veracruzanos un mejor destino, como si los ciudadanos de Veracruz no tuvieran memoria de su cuestionado desempeño político en materia de transparencia y corrupción. También el chihuahuense César Duarte pretende esconder su polémico y objetado ejercicio de gobierno tras su pretendida devoción, y es que, dicen sus paisanos, ve con ánimo ardiente, entregar el estado al Corazón de Jesús para ganar la Grande; pero además, los dos Duarte tienen elecciones en sus estados, así que falazmente se encomiendan al altísimo esperando resultados favorables para el PRI.
No hay que perder de vista que la efusiva devoción religiosa de los políticos la impulsó Enrique Peña Nieto cuando, con Miguel Ángel Mancera, y Eruviel Ávila visitaron el Vaticano para acompañar la coronación del Papa Francisco y realizar una gira que fue interrumpida, respectivamente.
Al parecer el arrebato de fervor religioso de los políticos mantiene fuertes tintes de manipulación religiosa y política. Si Plutarco Elías Calles los viera, se volvería a morir. Parece que el anticlericalismo tradicional del PRI, los “come curas”, son cosa del pasado.
La postura de Fernando Liñán, sacerdote diocesano, es sensata, ya que para él es incorrecto que un funcionario público exprese sus preferencias religiosas en actos públicos, porque ellos tienen una clara influencia en las personas y pueden señalar tendencias; además que los políticos deben respetar a quienes profesan religiones diferentes o ninguna, por eso deben practicar su religiosidad en el ámbito privado, explicó el clérigo.
No deja de ser exasperante el oportunismo de la clase política algunos de cuyos integrantes, sin recato alguno, expresan públicamente sus preferencias religiosas infringiendo así los mandatos constitucionales.
No hay que perder de vista que la laicidad ha significado para el País un avance hacia el desarrollo de la diversidad y el pluralismo, en un marco de libertad para la convivencia pacífica. Lo mejor para todos es el respeto irrestricto a la libertad religiosa.
Como modelo político, el Estado laico mexicano se ha constituido en garante de libertades a las que hoy es impensable renunciar. Es un régimen social de convivencia, cuyas instituciones políticas están legitimadas principalmente por la soberanía popular y no por elementos religiosos, razón por la cual la democracia representativa y la laicidad están íntimamente ligadas.
Las leyes y las políticas públicas no pueden responder ni a los deseos de dirigentes eclesiásticos ni a creencias personales de los legisladores y funcionarios; éstos están obligados a velar por el interés público, lo que supone respeto a la voluntad de la mayoría y protección a los derechos de las minorías.
Se sabe que el Estado laico no es equiparable a una institución antirreligiosa o anticlerical; por el contrario, es la primera organización política que garantizó las libertades religiosas, las de creencias y de culto, por ello las iglesias tienen en el Estado laico al garante de la libertad religiosa, que es reconocida como un derecho humano.
Frente al evidente fracaso de la clase política para sacar al País de sus problemas, mucha gente, desesperada, busca refugio en la religión. Ocurrió así en la crisis del zedillismo, cuando los templos se llenaron como nunca. Lo imperdonable es que los políticos, en vez de resolver los problemas, que para eso les pagamos, utilicen símbolos religiosos para eludir su responsabilidad.
Procurador Miguel Ángel Osorio Chong, ¿por qué se hace de la vista gorda ante la violación a la Constitución por parte de estos funcionarios públicos?

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