HORIZONTE CIUDADANO

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Horizonte ciudadano
Rosa Esther Beltrán Enríquez
Las mujeres y las elecciones
Contar con más mujeres en los puestos de representación política es una necesidad por la que se ha luchado intensamente durante un largo tiempo; sabemos que los avances han sido graduales, heterogéneos y, en buena medida, limitados.
Sin embargo, en los últimos 25 años cada vez más mujeres van ocupando espacios en la vida política, de manera que esta injusta brecha discriminatoria se ha ido reduciendo muy lentamente.
En Coahuila, la resistencia de los varones a la incorporación femenina en los puestos públicos no ha sido menor. La anexión legal en la Constitución y leyes secundarias no ha sido suficiente, pero la lucha tenaz va dando frutos, no sólo hacia el perfeccionamiento de las normas, sino también hacia la urgencia de transformar la cultura política para seguir potenciando los liderazgos de las mujeres que se han lanzado a participar en ella.
Lo anterior viene al caso porque las elecciones para alcaldes, que están en curso, registran una muy nutrida participación de mujeres en las planillas de las candidatas y candidatos a los ayuntamientos. Vea usted: mil 367 mujeres están propuestas para algún puesto en las 38 Alcaldías en campaña. De éstas, hay 19 candidatas a Presidentas Municipales, el resto van como síndicas, regidoras y suplentes, con 13 partidos en competencia, en observancia al Código Electoral que establece: “Los partidos impulsarán la paridad de género en la integración de las planillas para integrantes de los ayuntamientos” (artículo 17- 3).
Realmente me quedé pasmada por la cantidad de candidaturas comunes que presentaron los partidos políticos. Aunque sí se dan casos, son muy pocos los municipios en los que algunos partidos políticos van solos, de manera que vemos en las planillas de chile, de dulce y de manteca, con el PAN, el PRD, la UDC, el PT, el Progresista de Coahuila… de éste no extraña, es nuevo y en cualquier gancho se atora con tal de logar su registro y legitimarse.
Hay casos como los del PRI, en los que van con él hasta cinco o más partidos. Las candidaturas comunes reflejan que, esta vez, los partidos políticos se acogieron a un pragmatismo manifiesto, dejando a un lado escrúpulos y diferencias ideológicas. Aquello de que el agua y el aceite no se juntan, o lo de las uniones contra natura que refiriéndose a las alianzas en partidos de derecha y de izquierda combatía Enrique Martínez, quedó atrás; la divisa parece vencer al del carro completo, impulsando la pluralidad que la democracia y las leyes postulan.
Con el PRI va en casi todas las planillas su fiel e inseparable Verde Ecologista y Nueva Alianza, el Partido Joven y el de la Revolución Coahuilense; ambos recién estrenados en la contienda electoral y que dan la impresión de que entraron para hacerle el caldo gordo al PRI, y así lograr el gran negocio de tener un partido político para evitar trabajar para el resto de su vida.
Estas son las primeras elecciones después de la victoria presidencial del PRI de 2012, que se logró a pesar del caso Monex, y de las tarjetas de Soriana para la compra del voto, y todos los malabarismos e ilegalidades que se exhibieron antes y después de la elección.
Se llegó a estas elecciones con la interrupción del Pacto por México, a causa de la denuncia del PAN sobre la ilegal participación de la Secretaría de Desarrollo Social en el proceso electoral de Veracruz, lo que ocasionó la firma del adéndum en el que el Gobierno Federal se compromete (vaya contradicción) a respetar la Constitución y las leyes. Así de pobre es la cultura de la legalidad, y así de escasa es la civilidad política que, en el colmo del absurdo, la Federación y los partidos políticos suscriben un subpacto que comprende blindajes a los programas sociales.
Los blindajes han servido de hazmerreír a los pactantes, ya que las denuncias de entrega de despensas y otros apoyos no han cesado, y tampoco las recriminaciones y amenazas del PAN y el PRD de abandonar el Pacto por México.
De los resultados de estos comicios depende en buena medida la continuidad del Pacto por México, pero ésta parece la ruta de un cambio para que todo siga igual. No obstante, quizá a nivel local se logre aplicarle algunas raspaduras al carro completo y abollar al menos el totalitarismo octogenario.
 

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